La gente no lee en internet…
…y yo escribo posts muy largos. Ahí va uno de desahogo:
Me cabrea la prensa musical y la tendencia, me cabrean enormemente; (vale, ya has leído suficiente, ya sabes mi opinión, para ahora) y mira que es difícil cabrearme con lo calmo que soy. De un tiempo a esta parte es como que las revistas especializadas se han convertido un poco en caricaturas de si mismas. Claro, eso se extiende por la red y por los bares y lo peor: por los promotores de conciertos.
Tomé hace tiempo la decisión de escuchar un disco nuevo al día, sin referencias de ningún tipo (más allá del estilo y alguna pequeña descripción de lo que hace el grupo), y sobre todo sin juicios de valor ni promoción alguna. Normalmente el domingo bajo discos para toda la semana y les doy un vistazo rápido para descartar los que claramente no me vayan a gustar, luego les dedico una mañana entera a cada uno (da para escucharlos 4 o 5 veces). Las tardes son para los que se van quedando en el iTunes, y para los de siempre.
El método va bien, así encontré mis dos discos favoritos del año pasado, discos que sorprendentemente no he visto casi reseñados por ahí (hablo de “Loch Lomond” y “Lost in the trees”). Por el contrario, las listas de lo mejor del 2008 son prácticamente iguales en todas partes ¿Cómo es posible que un tipo en Kentucky haga una lista de diez discos y coincida plenamente con otro tipo en Badajoz? ¿Cómo es posible cuando tenemos a un click de ratón toda la música editada en un año?

No se trata de ir en contra de todo (la contra-contra-cultura que dice Jero) ni de ser más independiente que nadie, ni nada por el estilo. Se trata de que empieza a ser alarmante la manera de encumbrar o denostar grupos sin ton ni son, dictando lo que está bien y lo que no, atendiendo a criterios más promocionales que musicales.
Hay cientos de ejemplos, cuando se mete la promoción de conciertos por el medio la cosa va a peor. Grupos que tocarían por 10€ en una sala modesta hace un año, piden ahora 30€ en la Sala Heinecken porque la Rockdelux ha dictado que molan. Y ey! es un ejemplo, ni anti-Rockdelux, ni anti-Spotify. De hecho, ser anti-Rockdelux empieza a ser “lo que mola” y se ensalzan como nunca los hits de ayer hoy y siempre de lo más cutre de la música patria (again, contra-contra-cultura).
Los efectos colaterales de la insumisión no son todavía demasiado patentes (aunque ya he empezado a oír algún “¿¡que no conoces a…!?”), pero llegarán tarde o temprano. No pasa nada, para entonces habrá cientos de alternativas en la biblioteca.
Alguien debería hacer una revista, o un blog, o algo, hablando de “lo que no verás en otra parte sin tener que recurrir al hippismo fanzinero”. Yo me apuntaría.
Si has llegado leyendo hasta aquí, grita “Yipiyahe!”






