Sean felices
Cuenta el propio Peter Shaffer que conducía un fin de semana su coche junto a un amigo cuando pasaron cerca de unas cuadras. Éstas recordaron al acompañante cierta noticia sobre la que no podía (por desconocimiento) profundizar demasiado, pero que sin embargo, formaban un titular tan macabro que Shaffer quedó también profundamente impresionado. La noticia en cuestión parecía versar sobre un joven perturbado que deja ciegos en una noche a todos los caballos de un establo clavándoles un punzón en los ojos.
Parece ser que este amigo del escritor murió al poco tiempo, y la historia a la que nos acercamos ahora leyendo el texto de Equus es obra del genio del autor.

Equus parte de este hecho brutal y plásticamente tan impactante, para acabar planteando preguntas acerca de la individualidad y la psicología como manera de cercenar las características menos sociales de la personalidad.
La dolorosa consecuencia final nos dice que acaso la inmensa mayoría de nosotros, con toda nuestra seriedad, con todo nuestro sistema de reglamentaciones, con toda nuestra “impecable” conducta establecida, pasamos por la vida, muy triste y resignadamente, sin enterarnos, sin acaso alcanzar nunca la máxima dignidad del hombre en su capacidad de pasión, de dignidad…
Julio Manegat en su crítica de Equus
Noticiero Universal, Barcelona 11 de octubre de 1976


