Robert Johnson y las peluquerías
Hace muchos muchos años, un montón de negros esclavos puteados hasta la saciedad por sus amos, empezaron a ponerle música a sus penas y a reunirse en antros como no me puedo llegar a imaginar para cantárselas a sus familiares y amigos.
Con la abolición de la esclavitud, los mismos explotadores que les tenían esclavizados pensaron “Ey! Ahora podemos grabarles a cambio de un bocadillo de panceta y hacernos de oro vendiendo su música por todo el país.” Eso es visión de negocio. Y así fue, miles y miles de estudios de grabación florecieron a lo largo del Misisipi para traficar con las desgracias ajenas. Y se llenaron los bolsillos, vaya que si se los llenaron.

El caso es que la cosa acabó por reventar, y llegaron los derechos humanos y la igualdad y muchas otras ideas que por el sur no calaron demasiado bien, pero que hicieron, entre otras muchas cosas, que aquellos pobres hombres que pasaron de la esclavitud a la marginación pudiesen llevarse algún dólar al bolsillo ¿Cómo? Pues con entidades de gestión encargadas de apretar a las “discográficas” para remunerar a los autores con una parte de las ventas de esas grabaciones. Uno casi recupera la fe en la humanidad.
Así que (redoble de tambor) las sociedades de gestión de derechos molan!
¿Cual es el problema? Pues que los hijos de los hijos de los gordos, blancos, explotadores y presuntamente gilipollas de aquella época, ya no venden tantos discos, y además, las entidades ya no pretenden hacer justicia con un montón de autores explotados, sino que tienen que pagarse sus altos sueldos, un montón de casas en Miami para artistas que no dan palo al agua y, ahora además, buscar nuevas maneras de mantener el chiringuito a flote.
Todo eso es carísimo, así que en vez de pasar por caja con las disqueras, ahora pasan por caja los que se compran reproductores, las radios, los grupos de teatro, las peluquerías, los bares y todo hijo de vecino que ponga una canción en un lugar en el que haya algún despistado escuchando.
¿Tiene menos derechos Bisbal que Robert Johnson? Hombre, pues no, los mismos, lo que pasa es que el origen y la función de las sociedades encargadas de proteger esos derechos, se ha desvirtuado tanto con el paso del tiempo, que parece una broma. Si pensamos que para una peluquería tener la radio puesta implica lucro (suponiendo que irá más gente a esa peluquería que a otra sin música), podemos justificar el pago de una parte de ese lucro a los artistas en cuestión (yo creo que la gente tiende a ir a las peluquerías que le cortan mejor el pelo, pero oye, hay de todo), aún así, habría también que pagar un buen dinero a quienquiera que haya inventado las tijeras, al arquitecto del edificio y al médico que operó de apendicitis a la peluquera hace una semana, porque si la música les supone lucro, más les suponen las tijeras, el techo y poder cortar sin retortijones.
Así que sí, lo que intento decir es que quizás lo que habría que pensar es si los derechos de autor tienen algún sentido hoy en día, y si lo tienen, que no lo sé, dónde se pone el límite, porque digo yo que algún límite habrá que poner antes de que me paren por la calle para abonar la cantidad correspondiente por tararear la canción que se me ha pegado esta semana.
Yo personalmente creo que no, es más, creo que sería todo un logro para la música como oficio que los derechos de autor tal y como los entendemos se fuesen al garete, y que todos pudiésemos poner la música que nos de la real gana en donde sea. Otra cosa son las obras derivadas, derechos de explotación, etc.. (Si hago un anuncio con tu canción, paso por caja, si vendo tu música, paso por caja, etc…) Pero el problema es que a día de hoy, al amparo del término “derechos de autor” se meten en el mismo saco cosas que son radicalmente opuestas. Por más que se empeñen, no es lo mismo utilizar una canción para una campaña publicitaria que ponerla en una bar (cuando ya he pagado un dinero por el disco).
Es triste ver como se ha ido a la mierda algo con un origen tan noble, aunque supongo que más triste es estar en casa escribiendo todo esto un sábado por la noche, y sin embargo aquí me tenéis, con un disco de Bessie Smith y con una mala leche de espanto.



Let’s kick some ass…
http://derecho-internet.org/node/508
Y más triste es que no sepas que en realidad era viernes…
Sobre el resto del artículo estoy 100% de acuerdo, leí hace unos días un símil con los arquitectos, ellos también “artistas” y nadie les paga derechos de autor por usar sus edificios para negocios.
@álvaro (rock)
@jrdi Jajajaja, entonces hoy es sábado ¡Bien! XD