Compadézcanse, estoy pasando por uno de los tragos más agónicos que puede atravesar el hombre moderno: Elegir un reproductor de música portátil. Una gesta que comienza en la planta baja del corte inglés al grito de “quiero un emepetrés, señora” y termina habitualmente en toneladas de desagrado e incomprensión.
El camino no es especialmente largo ni tortuoso, sino todo lo contrario. No se equivoquen, ese aparato que buscamos ya no existe. Murió hace años con aquella maravilla de la tecnología y crimen de la estética que fue el Rio Karma. Desde entonces, cascaruja.
La frase que uno más repite delante de los (por lo general) bastante poco entrenados dependientes de cualquier tienda de cacharros es “No, si yo sólo quiero que reproduzca música”. Pero por desgracia, eso ya no puede ser. Y dirán “Bueno, pues no le metes fotos ni vídeos y punto pelota”. Y yo diré que ole sus huevos, cómprense una moto con sidecar aunque no tengan novia.

Y es que las interfaces de casi cualquier reproductor actual, joden, y joden mucho. Juegos, Fotos, Agendas, Despertadores, Calculadoras… ¿Por qué TODO tiene una calculadora? Y no, no es que sea especialmente horrible enfrentarse a estos menús de inicio, sino que jode más por lo poco que se investiga en el otro sentido, en el útil de verdad. En interfaces que realmente estuviesen orientadas a mejorar la experiencia de un ser humano que lo que quiere es escuchar música.
La cantidad de información que contiene un MP3 es alucinante, desde portadas, hasta la letra de la canción, presets de ecualización, etc… y toda esta información es increíblemente fácil de añadir desde la red de manera automática (desde Songbird mismo). ¿A nadie se le ocurren cosas mejores que una calculadora con todo eso?
Molaría que mi reproductor me dijese que “hoy estoy ñoño” si escucho más de tres canciones con la palabra “corazón”, o que me recordase que llevo 3 meses sin escuchar el primero de Nick Cave a pesar de haberle puesto 5 estrellas. Por no hablar de cruzar información con last.fm para hacer listas de reproducción automáticas de grupos parecidos, o de grupos cuyos componentes llevan barba, o ya para nota: grupos que tus amigos de last.fm no tienen en sus librerías para que puedas fardar de que los descubriste tú primero. Pero no, por desgracia lo más que veremos será “compartir esta canción en twitter”, como si a alguien le importase lo que estoy escuchando.
¿Por qué no puedo editar todo esto en el propio cacharro? ¿Asociar canciones a estados de ánimo? ¿Hacer mixtapes que luego puedo compartir con mujeres que avivarán el fuego de la humillación? ¿Ordenar mi biblioteca por orden autobiográfico? ¿Ver estadísticas de mi uso del cacharro en plan “por las mañanas te va el heavy, pero luego te pones blandito”? ¿Borrar automáticamente las canciones que no he escuchado en un año?
Son tonterías, pero oye, ahora no es que lo estén haciendo bien ¿Sabéis lo difícil que es encontrar un cacharro que reproduzca FLAC? Si alguien me preguntase cual es el mejor reproductor de música tendría que responder que un iPod Vídeo con el firmware Rockbox, welcome to the past.
Si tienen alguna sugerencia, será bienvenida. Sigo buscando.