Un profeta
Hay cientos de razones por las que Un Prophete será una de las películas del año, pero quizás, la principal, sea la sutileza con la que Jacques Audiard ha sabido entretejer todas y cada una de las segundas lecturas que se esconden detrás de lo que habría sido otra una peli carcelaria más.
Un Prophete es un guión complejo. Tras una primera capa de árabes contra corsos y ascenso del héroe, Audiard planea sobre la idea de la religión dando una vuelta de tuerca al conflicto: ¿Quién es realmente Malik El Djebena? ¿Cual es su relación con la religión? ¿Cuánto es consciente de su papel?

Tranquilos, nada de esto es un spoiler, ni siquiera el título de la película lo es. Audiard baraja esta idea sin mostrarla explícitamente del todo en ningún momento. Quizás sea eso lo que hace maravillosa la película: la crudeza y realismo con los que se nos muestra una historia esencialmente sobrenatural. Crudeza que hace que este hecho se pueda entender como locura del propio Malik, azar o simplemente suerte. Conceptos que no son gratuitos sino que se extraen de la propia idea de “religión”.
Id a verla, es una de esas joyas que pasarán por la cartelera fugazmente. Son dos horas y media de una gran historia fantásticamente interpretada (¿Dónde ha estado Tahar Rahim todo este tiempo?), y si bien hay momentos en los que el ritmo se hace especialmente duro de seguir, el esfuerzo merece la pena.




