Justo lo que os hacía falta, otro post sobre la ley Sinde, los derechos de los creadores, etc…
Yo mismo no tengo una opinión clara al respecto, y como de opiniones está la red poblada, diré que más o menos me muevo entre ésta tan bien argumentada, pasando por el radicalismo que hace que quiera que se vaya a tomar por culo la industria audiovisual y el proteccionismo que me asalta cuando veo a buenos amigos que viven de esto sin tener casas en Miami. Vamos, un carajal.
Pero eso, que como de opiniones está la red poblada y el siguiente divertimento patrio es dar consejos. Tiro por el segundo.
He seguido con bastante poco interés todo lo rodeado a la Ley de Economía Sostenible principalmente por una pregunta que me revolotea en la cabeza desde hace tiempo: “¿De verdad alguien piensa que, aún siendo aprobada, van a cambiar algo las cosas?”

Hace exactamente 10 años, repito, 10 años, la aplicación que movía indiscriminadamente toneladas de audio con copyright impunemente era Napster, a la RIAA no le hacía ninguna gracia y tras varios y sonados juicios, Napster sencillamente se cerró y desapareció del mapa. Desde entonces, la gente volvió a comprar todos los discos que quería y la industria musical no ha parado de crecer y crecer y… Ah, no, espera…
Un consejo para los creadores: Piensen en esto del pirateo como en un desastre natural de proporciones desorbitadas a lo peli de desastres de Hollywood. Como en un maremoto que provoca una ola gigantesca que se acerca poco a poco a la costa sin que Morgan Freeman (en el papel del presidente de los EEUU) pueda hacer nada para impedirlo. No hablo de lo que es justo o no, ni de ética, ni de qué está bien o qué está mal, hablo de mantener el culo seco.
Con tremenda ola cada vez más cerca, algunos de ustedes tendrán la tentación de quedarse en sus casas de lujo que tantos singles en el top chart les ha costado, de intentar construir pequeñas presas y murallas para salvar los muebles. Mi consejo es que sean de los otros, de los que se dan la vuelta y miran hacia delante y echan a correr como alma que lleva el diablo para ir por delante de la ola. No hay leyes para parar estas cosas.
Decía hoy Reverte que no se le puede pedir a alguien que regale dos años de su vida y su trabajo. Y tiene toda la razón. En lo que a manifestaciones artísticas se refiere, yo soy de los que piensan que en realidad no tienen precio. Por desgracia, desde hace ya muchos años, el cálido conjunto de artistas y creadores decidió entrar en el frío mundo de la economía, y la realidad es que esos dos años, en ese frío mundo, valen lo que la gente esté dispuesta a pagar por ellos. Ni un duro más. Y eso es tan injusto ahora, como lo era en tiempos de bonanza pretecnológica.
Así que corran, planteen nuevos modelos, olviden el proteccionismo lastimero que reclaman a voces y dense cuenta de lo mal que andamos cuando esperamos que la clase política nos salve de lo que sea.