The Jazz Loft Project

Entre 1957 y 1965, en el 821 de la sexta avenida con la 38, los más importantes músicos de jazz de la época se reunían para ensayar, improvisar piezas, o simplemente pasar el rato en un loft abandonado por el que por supuesto también pasaba lo más bajo de las calles neoyorquinas.

W. Eugene Smith, instalado en el cuarto piso de ese mismo loft, documenta todo lo que allí ocurre en 4.000 horas de grabaciones y cerca de 40.000 fotografías que nunca fueron publicadas.

45 años después vemos The Jazz Loft Project, una exposición mostrando lo mejor de la obra de Smith junto con algunas de sus grabaciones, pero también un libro con una pinta estupenda y lo mejor de esas grabaciones online en algo que han llamado Radio Sessions.

Vamos, que se le cae a uno la baba. Me enteré de todo por Jose Horna, que de Jazz y fotografía, sabe mucho.

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Packaging y la Leica X1

No me compraría una Leica X1 ni harto de vino. Por lo que Leica pide por esa compacta, te puedes hacer con cámaras francamente buenas. Aunque en diseño y simplicidad, siguen llevándose la palma, la cámara es sencillamente preciosa.

Pero si algo es impresionante, es la caja que la envuelve. Leica lleva años siendo un ejemplo de minimalismo en sus packagings utilizando la misma caja reflectante con un diagrama del producto en blanco sobre una caja negra, algo muy sencillo que funciona estupendamente y que distingue los productos leica en cualquier espacio. Con la X1, han mantenido esta filosofía, pero han ido más allá. Precioso:

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Trabajo, fotografía y recompensa.

Vaya por delante que fotografía y técnica son, para mi, cosas completamente diferentes. La capacidad de escoger una velocidad de obturación y un diafragma según las condiciones de luz y la sensibilidad es algo que requiere trabajo y estudio, y que abre un montón de posibilidades a la hora de capturar una imagen, pero la fotografía es otra cosa, algo que va más allá y que implica composición, contraste, o sencillamente una historia que contar. A mi también me gustaría ser bueno en lo segundo.

Dejando esto claro, es inevitable aceptar que hay un placer intrínseco a la fotografía manual del que no queda ni rastro en la P de las más modernas maravillas tecnológicas. Un pequeño orgullo de “esto lo he hecho yo” y de que sí, el trabajo implicado en una acción tiene una relación directa con su recompensa.

Medir la luz tampoco es algo tan imposible de aprender a hacer de manera manual, no nos engañemos. Hay miles de trucos para conseguir la exposición correcta (¿Sabías que a F16 en un día soleado, la velocidad debería ser igual al iso? ¿O que bajo la luz de una bombilla normal y para iso 200 y F2,8, la velocidad es 1/15 aumentando en un paso por cada bombilla en la sala?), sin embargo, ese concepto de “exposición correcta” en un mundo en el que miles de fotografías se tiran cada segundo con “exposición correcta”, tiene poco de original. Tirar una foto arriesgando a tener una exposición baja pero un buen enfoque, sabiendo que por tu pulso y por la maravilla mecánica alemana que tienes en las manos puedes llegar a 1/8 de velocidad sin que la cosa se mueva demasiado, puede darte una foto a iso100, que para una reflex digital de mil euros sería un iso1600 lleno de ruido.

Lo mismo pasa con la apertura, aunque supongo que todo se trata de la clase de fotografías que quieres hacer. A mi cada vez me gustan menos los objetivos que abren demasiado. Las fotos con profundidades de campo tan pequeñas son a menudo bonitas, pero siempre me viene a la cabeza un comentario del director Barry Sonnenfeld acerca del uso del tele y el angular en “Muerte entre las Flores” y su relación con la profundidad de campo. Venía a decir más o menos que, normalmente, hay que dejar que sea la composición la que guíe el ojo del espectador. Incluso para retratos, cada vez me gustan más los fotógrafos que enmarcan al sujeto y su entorno, de esto creo que no hay ejemplo mejor que los retratos de Arnold Newman.

Cada vez presto menos atención a la apertura máxima o la calidad del bokeh de una lente y más a cosas como el nivel de distorsión (de hecho, la foto de arriba no es gran cosa hasta que no tratas de imaginar qué forma tiene esa habitación).

Supongo que esas son algunas de las razones por las que ver a través del objetivo no es demasiado importante para mi. A cambio, usando cámaras telemétricas, tengo la ventaja de ver elementos que se quedan fuera del cuadro, puedo tirar a velocidades realmente lentas sin que un espejo mueva la toma, cargo con “poco” peso y la gente no se asusta tanto cuando les apuntas con la cámara.

Cuesta trabajo y todavía estoy aprendiendo. De hecho, desde que me pasé a las telemétricas no he conseguido todavía esa foto que realmente me encante, pero también es cierto que no disfrutaba tanto del acto de fotografiar como ahora. Sigo pensando que la enjundia está en la composición y la habilidad de captar el momento exacto que refleja mejor lo que sea que quieres contar, pero en el camino también está la magia.

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Fotografía para pobres

Hace un par de meses me mandaron una Vivitar Ultra Wide & Slim por la patilla en un pedido de Rolleis Retro 100. Y bueno, uno ve una cámara de plástico que casi parece de usar y tirar y automáticamente la guarda en un cajón.

En realidad pensé que estaba tirando un carrete a la basura mientras la cargaba por primera vez, así que al ver el resultado uno se queda bastante impresionado.

Callao_2009

La gracia de esta cámara es, por supuesto, la lente de 22mm, que a pesar de ser de plástico da un angular bastante nítido (en la parte central al menos).

No hay manera de configurar absolutamente nada, así que cuando tiras con este trozo de plástico tienes que saber que aproximadamente estás tirando con f11 de apertura y 1/125 s de velocidad (por lo que es aconsejable usar al menos película de 400iso). También tienes que tener en cuenta que esto es un 22mm y no está montado como un objetivo normal, sino que está “incrustado” en el cuerpo, por lo que mejor alejar los dedos todo lo posible para que no salgan en la foto.

vivitar

La cámara es lo que es, y de no habérmela regalado no habría llegado a ella en la vida, pero es una opción genial si te gusta tirar con un gran angular, no te importa la calidad del enfoque o la distorsión en los bordes y te hace gracia tener un juguete de estos.

Es bastante difícil de encontrar hoy en día (aunque en Ebay suele haber bastantes), en la tienda de Four Corners Dark venden un remake por 30$ que tiene buena pinta.

Puedes ver más fotos hechas con este juguete en éste pool de flickr.

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Una más en casa

Tras probar todo tipo de terapias, la única cura posible a la fiebre voraz que me hace comprar cualquier cámara telemétrica mecánica fabricada en los últimos 40 años, era comprar la mejor de todas, rezando para no necesitar nunca más otra y poder así recuperar mi vida.

leica_m6

Así que ayer volví a casa con una Leica M6 TTL que hace que se te salten las lágrimas. ¿Por qué precisamente una M6? Pues porque qué cojones, y además:

  • Es la última Leica completamente mecánica, puedes quedarte sin batería en medio del desierto y aún así seguir disparando. (Y nunca sabes cuando puedes acabar en medio del desierto).
  • Tiene el obturador más silencioso del mercado, algo fundamental si, como a mi, te gusta tirar retratos no posados a discreción en reuniones improvisadas. Nota: Lo poco que suena, parece Bach.
  • A esta maravilla, lo que le pones delante son las mejores lentes que existen, nada más y nada menos.
  • El mejor enfoque con angulares y las imágenes más nítidas por debajo de los 35mm. Y nada me pone más cachondo que el 28mm f2.8 asférico de Leica.
  • Porque es preciosa. Esto es así.
  • Porque es telemétrica, y o las quieres o las odias.

Y como no seré yo el que diga que es perfecta, algunas de las razones por las que no querrías tenerla pueden ser:

  • Vale, lo haces todo a mano, tirar una foto lleva un ratillo.
  • No hay lentes por encima de los 135mm, algo que a mi no me importa lo más mínimo pero que puede echar atrás a alguien que quiera tirar con un 400 a su vecina de enfrente.
  • Es cara, bastante cara. Y no puedo negar que hay cámaras casi tan buenas por mucho menos dinero.
  • Porque es telemétrica, y o las quieres o las odias.

La foto es de Efra, que además de vendérmela, me dio un montón de consejos sobre mi próxima fiebre consumista: Los objetivos.

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