En una de las pocas entrevistas que concede, Cormac McCarthy habla de la manera en que se ha adaptado su obra al cine y deja caer esta idea:
…the indulgent, 800-page books that were written a hundred years ago are just not going to be written anymore and people need to get used to that. If you think you’re going to write something like “The Brothers Karamazov” or “Moby-Dick,” go ahead. Nobody will read it. I don’t care how good it is, or how smart the readers are. Their intentions, their brains are different.
Y no puedo estar más de acuerdo. La manera en que consumimos literatura ha cambiado drásticamente condicionada por las innumerables nuevas formas de acceder al conocimiento o al entretenimiento. Y ahora, además, nos enfrentamos al cambio de formato más drástico que la edición ha vivido en toda la historia de la humanidad. Dicho así, da hasta miedo.
La palabra de la semana es iPad, el nuevo cacharro de Apple. Un cacharro verdaderamente estupendo, aunque quizás no para mi. Antes de la presentación esperaba un producto mucho más cercano a Os X que a iPhone Os, multitarea, con alguna fantástica idea para consumir literatura de una manera completamente nueva. La realidad es que iPad es mejor que eso. Apple ya no quiere sacar un producto para mi, sino que quiere sacar productos para mi madre, o mi amigo David, o quien sea, y visto así, es una maravilla. La próxima vez que mi madre quiera cambiar de ordenador, será por un cacharro de estos, sin ninguna duda. Pero no van por ahí los tiros.

El caso es que toda esa gente que tendrá un iPad en casa, también lee, y el modelo que parece que llega es el de “pantalla táctil con todo”, Furilo dijo el otro día que el Kindle había envejecido 15 años durante la keynote, y si pones un trasto al lado del otro, es evidente.
La cuestión es cómo lidiar con el nuevo soporte y qué hacer cuando las features se estorban entre ellas. iPad es un fantástico navegador, un cliente de correo, de twitter, de videojuegos, etc.. y eso es incompatible con la lectura. Si piensas lo contrario, intenta leer con la tele encendida, o sentado en la silla del ordenador con twitter abierto, o imagínate abriendo un libro en tu nuevo iPad con toda la red al alcance de tu dedo.
Pasa lo mismo con el cine, si pones una película en tu ordenador, lo primero que haces es alejarte de él. Me apuesto el Marshall a que no eres capaz de ver una película entera sentado en tu silla con la mano en el ratón. De hecho, creo que es la primera vez que en una presentación de un producto de apple se muestra también una funda para el mismo. Funda que además, te permite ver una película sin tener el dispositivo en las manos.
Así que sí, el Kindle gana por goleada en lo que a entender las necesidades de un usuario que quiere leer se refiere, pero como dispositivo, creo que a la larga tiene las de perder. El iPad (y resto de cacharros de este tipo que empezarán a salir en breve), plantean un nuevo modo de consumir literatura que creo desafiará a la literatura en si misma. Obras divididas por capítulos más cortos, tramas secundarias que arrancan y terminan en uno o dos capítulos, menos personajes pero más desarrollados… Cambios que no tienen que ser intrínsecamente malos, pero que suponen la inevitable necesidad de la literatura de lidiar con la distracción.
Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto tiempo exactamente-, con muy poco o ningún dinero en el bolsillo y sin nada en tierra que me interesara, creí que podría ir a navegar por ahí y ver la parte acuática del mundo. Es mi modo de ahuyentar la melancolía y regular la circulación.