Hay cosas para las que uno ha salido muy de la vieja escuela, y una de ellas es la música. Me encantan los vídeos en los que alguien se marca el Ring of Fire con una game boy como curiosidad, pero la música, en lo que a servidor se refiere, se hace con instrumentos. Y a ser posible con instrumentos de madera y metal, que los teclados de ahora tienen ya demasiado botoncito y no todo el mundo puede ser Me Dais Poca.
Otra cosa es componer, un proceso para el que toda herramienta es bienvenida, y en eso JamPad ha resultado ser una pasada.
JamPad es una de esas aplicaciones en las que puedes tocar un teclado, una guitarra, ponerte unas bases de batería y armar la de dios es cristo. Digamos que es una de esas aplicaciones a las que sólo unos pocos frikis le sacan realmente partido, y tampoco vas a hacer nada realmente espectacular en lo que a interpretar se refiere.
La palma se la lleva un pequeño módulo situado justo encima del teclado, en el que siguiendo el esquema de los clásicos samplers de toda la vida, puedes definir diferentes ritmos y acordes en un patrón de 5×5 (más que suficiente para cualquier tema) y alternar entre unos y otros de manera más que cómoda.

El array de acordes tiene unos 15 estados predefinidos que se corresponden con escalas habituales de acordes, primer punto en el que descubrimos que la aplicación está orientada a interpretes y no compositores: al ser un array de 5 elementos, para la escala de Do mayor, sólo contamos con el Re, Mi y La menores y el Do, Fa y Sol mayores ¿Y qué pasa con ese Siº que de tantos apuros nos ha sacado al final de un estribillo? pues que no cabe. En la teoría no es mayor problema al poder editar estos estados. En la práctica, perder una celda del array para meter un Do menor en tu tema en Sol que sólo quieres por el rollito rockero baladero trasnochado que le deja al tema, pues es una pena.
Por lo demás, la edición del array de acordes es impecable, y toda una gozada si estás familiarizado con la notación americana e hilas tan fino como para necesitar un G aug 3
El array de ritmos es un poco más flojo, no sigue la notación clásica, así que nada de definir que tus compases pop son de tres negras ni nada por el estilo. En lugar de eso hay un sistema de flechas para los ritmos y números para los arpegios. Éstos últimos siguen el orden de las cuerdas de la guitarra, así que todo bien. Los ritmos, por el contrario, no hay quien los entienda (tampoco es que sean lo más logrado de la aplicación) pero a base de probar acabas encontrando el adecuado. Son también editables, pero el que saque algo decente se merece el nobel.
Así que básicamente podemos ir haciendo permutaciones de ritmos y acordes según hayamos definido el patrón general, que se hace francamente rápido. Es más costoso que coger la guitarra, pero lo podemos hacer en cualquier parte. Además cambiar de métodos siempre está bien para quitarse vicios y movimientos en los que uno se va estancando.
Eso sí, una vez que el tema está hecho, agárrense a los dos kilos de madera y metal de una buena Martin.