Lost in the trees, otra vez

Allá por el 2008, haciendo la lista de discos favoritos del año, el más favorito de todos fue sin duda “All Alone in an Empty House”, de Lost in the Trees, que no era más que una maqueta autoproducida de Ari Picker y su banda.

Han tenido que pasar más de dos años, pero finalmente han firmado con ANTI- y han grabado el mismo disco otra vez bajo la tutela de (esperad que me ponga serio para la reverencia) Scott Solter, un tipo que sin haber producido ninguna joya todavía, saca un sonido fantástico en todo a lo que mete mano, véase Okkervile River. No puede uno volver de la selva y encontrarse mejores noticias.

En la web de Anti- se pueden descargar “All Alone in an Empty House” y “Fireplace”, dos de los mejores temas del disco (si el tracklist no incluye ninguna novedad). Son los mismos temas, con la misma producción, pero con un sonido que es otra cosa. Si no los escuchaste en su día (algo normal en cualquier persona que no dedique su tiempo a bucear entre grupos maqueteros), el 10 de Agosto es una oportunidad cojonuda para disfrutar de otra ración de folkis encamisados.

Además, Ari se ha dejado barba.

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Componer con cacharros nuevos

Hay cosas para las que uno ha salido muy de la vieja escuela, y una de ellas es la música. Me encantan los vídeos en los que alguien se marca el Ring of Fire con una game boy como curiosidad, pero la música, en lo que a servidor se refiere, se hace con instrumentos. Y a ser posible con instrumentos de madera y metal, que los teclados de ahora tienen ya demasiado botoncito y no todo el mundo puede ser Me Dais Poca.

Otra cosa es componer, un proceso para el que toda herramienta es bienvenida, y en eso JamPad ha resultado ser una pasada.

JamPad es una de esas aplicaciones en las que puedes tocar un teclado, una guitarra, ponerte unas bases de batería y armar la de dios es cristo. Digamos que es una de esas aplicaciones a las que sólo unos pocos frikis le sacan realmente partido, y tampoco vas a hacer nada realmente espectacular en lo que a interpretar se refiere.

La palma se la lleva un pequeño módulo situado justo encima del teclado, en el que siguiendo el esquema de los clásicos samplers de toda la vida, puedes definir diferentes ritmos y acordes en un patrón de 5×5 (más que suficiente para cualquier tema) y alternar entre unos y otros de manera más que cómoda.

El array de acordes tiene unos 15 estados predefinidos que se corresponden con escalas habituales de acordes, primer punto en el que descubrimos que la aplicación está orientada a interpretes y no compositores: al ser un array de 5 elementos, para la escala de Do mayor, sólo contamos con el Re, Mi y La menores y el Do, Fa y Sol mayores ¿Y qué pasa con ese Siº que de tantos apuros nos ha sacado al final de un estribillo? pues que no cabe. En la teoría no es mayor problema al poder editar estos estados. En la práctica, perder una celda del array para meter un Do menor en tu tema en Sol que sólo quieres por el rollito rockero baladero trasnochado que le deja al tema, pues es una pena.

Por lo demás, la edición del array de acordes es impecable, y toda una gozada si estás familiarizado con la notación americana e hilas tan fino como para necesitar un G aug 3

El array de ritmos es un poco más flojo, no sigue la notación clásica, así que nada de definir que tus compases pop son de tres negras ni nada por el estilo. En lugar de eso hay un sistema de flechas para los ritmos y números para los arpegios. Éstos últimos siguen el orden de las cuerdas de la guitarra, así que todo bien. Los ritmos, por el contrario, no hay quien los entienda (tampoco es que sean lo más logrado de la aplicación) pero a base de probar acabas encontrando el adecuado. Son también editables, pero el que saque algo decente se merece el nobel.

Así que básicamente podemos ir haciendo permutaciones de ritmos y acordes según hayamos definido el patrón general, que se hace francamente rápido. Es más costoso que coger la guitarra, pero lo podemos hacer en cualquier parte. Además cambiar de métodos siempre está bien para quitarse vicios y movimientos en los que uno se va estancando.

Eso sí, una vez que el tema está hecho, agárrense a los dos kilos de madera y metal de una buena Martin.

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Lindsay Phillips, Varning

El primer disco de Lindsay Phillips está grabado como los Eps que lleva sacando desde el 2006, en un día y sobre cinta analógica. Sólo he escuchado los mp3 por ahora, pero me muero de ganas de que llegue el vinilo a casa y enchufar los Bose al tocadiscos.

Frikismos aparte, el disco es una joya a todos los niveles: no puede estar mejor interpretado ni producido, y sí, hay que darle un par de vueltas a la entonación exagerada a medio camino entre Johny Cash y Antony Hegarty (como lo oyes), pero vale la pena concederle ese pequeño dramatismo si es al servicio de temazos como “Legion”.

Casi todos los 40 minutos del Lp transcurren en apenas una guitarra y voz, pero el conjunto se sostiene con arreglos tan sencillos como unos pequeños coros o percusiones que suenan al otro lado de la habitación.

El disco se puede escuchar entero en el site de Departed Sounds, y está a la venta en formato digital y vinilo.

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The Jazz Loft Project

Entre 1957 y 1965, en el 821 de la sexta avenida con la 38, los más importantes músicos de jazz de la época se reunían para ensayar, improvisar piezas, o simplemente pasar el rato en un loft abandonado por el que por supuesto también pasaba lo más bajo de las calles neoyorquinas.

W. Eugene Smith, instalado en el cuarto piso de ese mismo loft, documenta todo lo que allí ocurre en 4.000 horas de grabaciones y cerca de 40.000 fotografías que nunca fueron publicadas.

45 años después vemos The Jazz Loft Project, una exposición mostrando lo mejor de la obra de Smith junto con algunas de sus grabaciones, pero también un libro con una pinta estupenda y lo mejor de esas grabaciones online en algo que han llamado Radio Sessions.

Vamos, que se le cae a uno la baba. Me enteré de todo por Jose Horna, que de Jazz y fotografía, sabe mucho.

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Las Variaciones Goldberg

El Conde Kaiserling, embajador de Rusia en Saxony, sufría, amén de otras cosas, de un incurable insomnio, motivo por el cual instaló en su casa a Johann Gottlieb Goldberg, un diestro clavicordista. La misión de Goldberg no era otra que, simple y llanamente, entretener al conde.

Estando en presencia de Bach, el conde comentó lo mucho que le encantaría tener una serie de piezas que consiguieran levantarle un poco el ánimo en las largas noches en vela, ante lo que el maestro respondió con las que se conocen como las Variaciones Goldberg (a pesar de que Kaiserling siempre se refiriese a ellas como “Mis Variaciones”). No hay más referencias a la vida de Goldberg fuera de las entusiastas palabras del biógrafo de Bach, Johann Nikolaus Forkel, y la certeza de su temprana muerte por tuberculosis a los 29 años. El conde recompensó a Bach con un caliz de oro que contenía cien louis-d’or.

El cenit de la interpretación de las variaciones Goldberg se alcanzó dos veces (al menos grabadas), la primera en 1955. Glenn Gould, con sólo 23 años, sentado en una pequeña silla hecha por su padre, maravilló al mundo con una interpretación enérgica y frenética. La segunda en 1981. El mismo Glenn Gould, 26 años más tarde, sentado en la misma silla (visiblemente más deteriorada), grabó por segunda vez las variaciones de manera completamente nueva, mucho más pausada e introspectiva, tratando el Aria y las treinta variaciones como una pieza única.

En las grabaciones de las Variaciones Goldberg, a menudo se escucha el tarareo del propio Gould sobre la pieza. Gould, un hombre excéntrico y soberbio hasta el límite (siempre llevaba ropa de invierno, nunca dejaba que le tocasen y era extremadamente hipocondríaco, además de crear al menos una docena de seudónimos para escribir críticas hostiles contra sus propias interpretaciones), decía que este murmullo salía incontrolablemente de su boca en aquellas partes en las que el piano no era capaz de representar la obra completamente.

Se puede ver la segunda grabación de las Variaciones en YouTube, el arranque del Aria y las primeras piezas son especialmente emocionantes.

Tanto la vida del propio Gould como las Variaciones, están ampliamente referenciadas en literatura. La segunda de las grabaciones se editó además dos veces, y, aunque la primera de ellas se puede encontrar en Ebay a precios bastante desorbitados, la segunda edición es relativamente fácil de encontrar. Ver a Gould encaramado sobre el piano como un viejito es algo que merece la pena disfrutar a más calidad de la que la red ofrece.

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