Una serie de medidas…
…para evitar la absurda necesidad de leer toda la obra de un autor una vez nos ha conquistado con un libro, motivadas por el desastroso balance económico que A.M. Homes y Coetzee provocan en mi cuenta corriente:

1 No leer libros de nadie que no lleve al menos 150 años muerto. El riesgo de que un autor cuya obra ya hemos leído publique un nuevo libro es peligroso. Las ramificaciones que pueden seguir a una serie de artículos reunidos, o relatos publicados en una recopilación con otros escritores, es un riesgo innecesario. 150 años es margen suficiente para salvarse las espaldas ante posibles descubrimientos de piezas inéditas en un cajón de cómoda (véase Cortázar).
2 Evitar libros dentro de libros. Si un autor lanza una cita o una referencia (como un dardo), evitar el nombre del citado. En la teoría se puede entrenar el salto de vista óptimo. En la práctica abandonar a Vila-Matas, Bolaño, Chabón y otros creadores de necesidades (lanzadores profesionales de dardos).
3 Leer sólo las páginas impares. Las páginas pares son más incómodas a la hora de agarrar el libro. Uno puede construír perfectamente una historia con la mitad cómoda de la misma.
4 Escoger. He comprobado que la literatura religiosa, las autobiografías de ex-presidentes y “Leyendas de Pasión”, no provocan esta necesidad en absoluto, por lo que puede ser buena idea centrarse en estos libros.
5 Cuidarse el hígado. Los problemas de hígado llevan a la abstinencia (forzada) que a su vez lleva a la reclusión en casa un sábado por la noche, que a su vez hace que los libros duren menos (aunque según planeo, posibilitan que el margen para volver mañana a la FNAC a cambiar un libro ya leído por otro sin leer, se mantenga dentro de lo aceptable).



